Horas desiertas

Tengo las venas heridas por una daga que no perdona a la hora marcada
En un libro escondido, página final.
No cuenta que sea goloso o imperturbable ante un manjar, vengativo o piadoso de tus faltas, no cuenta que sea valeroso o me quede sin voz frente al soez, no cuenta la verdad o la mentira, incluso esas que no se ven
Ante la luz clara del día.
Y ya no se sienten las otras heridas, las que se agolpan a nuestras horas una tras otra como una fila india, ya no se sienten tus voces ni tus delirios desatan acalorados mensajes, no tus curvas se han de ver con la mirada extraviada ni los tacos apurados delante de mis pasos despiertan la curiosidad que acerca un zarpaso de mi voz mensajera de la paz en misión divina, ya no cuentan tus uniones ni tus planes secretos, ya no cuenta el paisaje negado ni tus ansias desviadas. Es como la ruta desolada sin un mísero pájaro cantando al viento su misterioso viaje - peregrino sin rumbo a los ojos glamorosos y amor del destino a tus manos santas.
No hay tiempo a tus maldades recitadas una hora encumbrada por un devoto del mal ni deseos de ver tus ojos sin párpados y tu feroz lengua de fuego, no hay tiempo a tus caminos superticiosos plagados de rimas, ni esas mañanas que hielo destilan.
Tengo las venas heridas y mi piel que grita desaforada sin aún ver las vendas que alguna samaritana carga feliz entre sus prendas...
En las horas desiertas del limbo que puebla mi vida rema una nueva palabra, como en la corriente del río un bote salvavida...